
No me había dado cuenta de la riqueza que poseo, sólo hoy día, mientras paseaba frente al mar, tuve esa certeza. ¡Pero cuánta riqueza! Es mío este mar encrespado, murmurante, que se me representa con toda su fuerza, me hace guiños, se me acerca. Más allá tengo las gaviotas que también son mías, porque están frente a mis ojos y gritan, juegan y hacen piruetas para que yo las mire.... y el viento que se arremolina entre mi pelo, da mil vueltas a mi alrededor, se encabrita y de pronto queda quieto, callado. Se va muy alto hasta las copas de los eucaliptus que también son míos porque me saludan y coquetean, el prado verde, verde y aún mojado por la lluvia que cayó ayer y donde una que otra flor de invierno, amarilla y fresca abre sus pétalos extasiada. Y este sol apenas tibio que trata de darme un calor que no tiene porque el viento se lo lleva, pero sé que es mi amigo durante casi todo el a o, especialmente en verano cuando me envuelve, cálido, y se hace mío en la piel mojada. Y el aire fresco que entra a mis pulmones, es mío, desde luego y ¡qué bien me sienta! Lo mantengo allí adentro y voy soltándolo lentamente... y vuelvo a aspirarlo. ¡Todo el entorno es mío ! ¡Cómo me saludan los pinos hieráticos y los macizos perlados ! Esta riqueza que me rodea, que poseo a través de mis ojos y que puedo volver a ver en el momento que desee, es mucho más que toda la riqueza que un odioso egoísta quiso para sí, que se desvivió por obtener a fuerza de trabajo, o de malas artes. Yo tengo esta riqueza así, de un momento a otro, sin perder ni un sólo minuto de mi vida, enriqueciéndola a cada instante, haciéndola más llevadera y más hermosa. GRACIAS, DIOS MÍO


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